¿Cómo iba aquello del cazador cazado?
Algo me dice que sin tener que recurrir a la visualización de los documentales de National Geographic podemos enterarnos del asunto.
Erase una vez un político hispano que hizo de la denuncia su forma de vida. Denunció corrupciones, denunció a periodistas e incluso denunció a los servicios secretos del estado por una supuesta campaña orquestada con la única finalidad de frenarle su ascenso a la poltrona.
Y lo consiguió, consiguió alcanzar un puesto de enjundia en un gabinete. De hecho, muchos tenemos la impresión de que él es quien manda.
Pero hete aquí que el diablo, cuando se aburre, con el rabo mata moscas y esta mosca testicular (cojonera dicen en mi tierra) acaba de recibir una ración de su propia medicina, acaba de ser cazada y anda patas arriba dando los últimos bosquejos de vida política... Salvo que misteriosamente alguien haga algo para volver a ponerle en pie.
Porque, aunque aún queda mucha tela por cortar y ya se sabe que este tipo de investigaciones llevan su tiempo, la prensa libre española se ha hecho con una serie de pruebas que parecen demostrar que el limpio entre los limpios, el puro entre los puros, tiene mas mierda en sus manos que un pocero sin guantes.
De confirmarse las denuncias periodísticas, apoyadas, por cierto, en datos documentales, en el órgano que ha de velar por el cumplimiento de la ley, es decir la fiscalía, y más concretamente en la fiscalía anticorrupción había alguien que estaba al servicio de los morados y sus intereses políticos.
¡Que razón tenía la vicepresidenta Calvo en el Congreso cuando fue interpelada sobre los mecanismos que se van a poner en marcha para reconstruir la confianza en las instituciones!
“No se puede reconstruir lo que nunca ha existido” contestó Carmen Calvo, la de Cabra, y aunque la aceptación de esta realidad es vergonzosa para el país, no andaba muy desencaminada.
En un país donde, entre otras cosas, los ciudadanos somos testigos, parafraseando al ex ministro Gallardón, del “obsceno espectáculo de ver a políticos que nombran a los jueces que pueden juzgar a esos políticos” difícilmente puede existir credibilidad en las instituciones. Y ahora le ha llegado el turno a la fiscalía.
Menos mal que aún queda prensa libre capaz de investigar a los intocables y de acabar cazando al cazador de las manos manchadas.
Pero… ¿Por cuánto tiempo?










