A primera vista, los resultados de las elecciones en el Euskadi y Galicia parecen mostrar el desmoronamiento de la formación de Pablo Iglesias, el socio preferente de Sánchez.
Pero la realidad es bastante más complicada.
Iglesias no es precisamente un político al uso, como tampoco lo es la situación de la política nacional, con lo que a partir de este momento cualquier cosa es posible.
Aunque ahora mismo se habla del apoyo socialista al lehendakari, también es posible, por ejemplo, que dentro de unos días Iglesias amenace con romper la coalición de gobierno, porque claramente su participación en ella está desgastando a su formación, salvo que el partido socialista, es decir Sánchez, se pliegue a sus deseos y descabalguen al PNV de la Lehendakaritza por medio de un pacto posible (los números dan) entre el Partido Socialista de Euskadi, EH Bildu y por supuesto la franquicia de podemos, a pesar de que eso suponga perder e apoyo del partido de Urkullu en el parlamento español, es decir 6 diputados, que pueden ser reemplazados al menos en parte por los de la formación filo etarra con 5 señorías.
De esta forma, Iglesias conseguiría, una vez más, tener mayor presencia institucional a pesar de haber perdido apoyo popular, y por todos es sabido lo que les gusta la moqueta a los de Iglesias.
Naturalmente, lo anterior es tan solo una posibilidad, pero no es descartable, por mucho que la mayoría de los analistas de la política no la contemplen.
Sánchez puede optar por dejar las cosas como están, brindándole su apoyo a Urkullu y, si fuera estrictamente necesario, dejarse seducir por la idea de cambiar el rumbo de su gobierno virando hacia la derecha en caso de que las cosas se pongan a malas con su socio actual.
Pero… teniendo en cuenta que hasta la fecha Sánchez y Casado han sido incapaces de ir juntos ni siquiera a cobrar una herencia, lo veo difícil. Y PSOE junto a VOX, otra combinación posible por la aritmética parlamentaria, es una alternativa imposible.
La siguiente carambola posible es un gobierno PNV - EH Bildu en la comunidad autónoma, con su deriva hacia el independentismo unilateral, es decir, multiplicar por dos el problema de los nacionalismos; Cataluña y Euskadi, con un gobierno nacional débil que habría de ceder en todo con su actual composición.
Quien crea que los resultados de ayer son el principio del fin de Podemos, haría bien en pensar de nuevo.
Iglesias pierde apoyo, cierto. Pero sigue teniendo en sus manos los hilos que mueven a Pedro Sánchez, que es mucho… quizás demasiado.
En cuanto a los resultados en Galicia, Casado es quien tiene que andarse con ojo, no sea que a Feijoo le dé por saltar a la política nacional, en cuyo caso su tiempo al frente de los populares podría tener los días contados.










