Por: Luis Cebrian


El Puyazo, 6 de Junio

El Puyazo, 6 de Junio El Puyazo, 6 de Junio

Y sin embargo, hemos de pedir perdón…

Hemos de pedir perdón, o condenarnos al ostracismo. Nadie en su sano juicio puede evitar tener que arrodillarse para expiar las culpas de una ofensa no cometida, pero asumida por aquello de lo políticamente correcto.

El expresidente Obama, prueba palpable de que en los Estados Unidos la cuestión racial es mas compleja de lo que se quiere mostrar en los medios, también tuvo su “George Floyd”, aunque en su caso se llamaba “Michael Brown”, con sus manifestaciones violentas contra la brutalidad policial, lo que supuso la declaración del estado de emergencia, del toque de queda y el despliegue de la guardia nacional en Ferguson, Missouri.

Otros ex presidentes han tenido que abordar casos similares, pero eso, no importa. A la prensa internacional solo le interesa resaltar que el demoníaco Trump es culpable.

Y quizás tenga alguna culpa, o quizás es incapaz de abrir la boca sin meter la pata, vamos un bocazas.

Trump siempre me ha caído mal. Me parece un impresentable. Pero ese impresentable, para bien o para mal, tiene el respaldo de un porcentaje muy alto de los ciudadanos norteamericanos, y por eso se hizo con las llaves de la Casa Blanca.

Por eso creo que es de una moralidad un tanto dudosa el intentar utilizar una tragedia como es la muerte de Floyd para culpar a un presidente de todos los males del planeta.

Seguro que alguno estará pensando que soy un racista por afirmar lo anterior. No, no lo soy, aunque de racismo entiendo algo, que no en valde en su momento fui víctima del mismo.

El racismo existe, de eso no me cabe la menor duda. El racismo institucional es un hecho, como fue denunciado en su día en la Investigación McPherson sobre la muerte de Stephen Lawrence. Existe en UK, en US y naturalmente en todos los países del mundo, aunque afortunadamente es algo que, al menos en apariencia, va en sentido decreciente. Aún así es cierto que queda mucho por hacer. En eso, creo que estamos todos de acuerdo.

Pero de ahí a tener que hincar la rodilla en tierra para expiar mis pecados… ¿Qué pecados? ¿Haber nacido blanco? ¿haber crecido en el país donde he crecido?

Jamás he faltado a nadie a posta, y mucho menos lo he hecho en base a su origen étnico, a su género, a su orientación sexual etc. Y no, no soy un ciudadano modélico, ni un ángel ni nada por el estilo. De hecho, también de vez en cuando se me puede escapar un pedete, como a todos, y cuando eso ha ocurrido, he pedido perdón, y he intentado arreglar la afrenta.

Pero ahora, ¿a quien he afrentado? ¿a quien han afrentado tantos que ahora andan rodilla en tierra?