Por: Luis Cebrian


El Puyazo, 7 de Junio

El Puyazo, 7 de Junio El Puyazo, 7 de Junio

Al final, entre los unos y los otros, la casa sin barrer y los enfermos muriendo sin recibir auxilio alguno, en algunos casos encerrados en sus habitaciones de las residencias de mayores, en soledad.

¿De quién fue la culpa?, Nos preguntaremos, sin que a día de hoy seamos capaces de hallar la respuesta correcta.

Como en tantas otras cosas relacionadas con la pandemia.

Primero fue el colapso de las UCIs. Ahora le llega el turno los juzgados.

Es lo que toca.

Toca dirimir responsabilidades, aunque no está muy claro quien ha de rendir cuentas ante la justicia. ¿El gobierno central que asumió el mando único de la sanidad y de las residencias de ancianos? ¿las comunidades autónomas encargadas de la gestión? ¿Ambos?

Me temo que la respuesta puede ser nadie.

A día de hoy, no está claro el número de victimas de la pandemia ni, mucho me temo, las causas reales de la misma.

De hecho, las imágenes de las grandes capitales del mundo con sus manifestaciones masivas de protesta por el caso Floyd van a ser una prueba de fuego para los argumentos esgrimidos por los gobernantes: O sube el número de contagios de forma exponencial, o aquello de la distancia social (antisocial diría yo) y las mascarillas son milongas que no hay por donde cogerlas.

Lo cual, sea dicho de paso, ayudaría al gobierno Sánchez a reforzar su teoría de que las famosas concentraciones del 8 de marzo, no tuvieron nada que ver con la virulencia de la pandemia en España, aunque plantearía otra pregunta incomoda: ¿Fue necesario encerrarnos a cal y canto, cargarse la economía del país y condenar a muchos españoles a la ruina?

Se dice que en las guerras la primera victima es la verdad. Creo que es lo mismo en las crisis, sean éstas de la naturaleza que sean.

La verdad que tanto incomoda a los gobernantes, y a la clase política, sea del color que sea, y que por tanto intentan maquillar a toda costa.

Los ciudadanos, las víctimas, los daños causados, parecen no importar, o importar muy poco, al menos en apariencia.

Es como si el juego de la política va de mantener la poltrona bajo el trasero al precio que sea, y si para lograrlo hay que mentir, se miente.

Y no pasa nada…