Por: Luis Cebrian


El Puyazo, 8 de Junio

El Puyazo, 8 de Junio El Puyazo, 8 de Junio

No tengo por costumbre escribir dos veces seguidas sobre el mismo tema, pero hoy no tengo opción. He de escribir de nuevo sobre las protestas globales al asesinado de George Floyd, aunque en realidad me estoy refiriendo a uno de los aspectos de la misma, los disturbios y el vandalismo causado como consecuencia de los mismos.

Ayer vi imágenes del centro de la ciudad que ha sido la mía durante 20 años, Bristol, lo cual es extraño. Bristol aparece, cuando aparece, en los medios españoles muy de tarde en tarde, y por eso me llamó tanto la atención.

En la información se daba cuenta del derribo de la estatua de un esclavista durante el desarrollo de las protestas, la estatua de Edward Colston, ante la pasividad de los agentes de policía presentes para hacer cumplir la ley, algo que claramente no hicieron.

Y no lo digo por el acto puntual de la estatua, sino porque dichas concentraciones iban en contra de las regulaciones al respecto consecuencia del Covid-19.

Pero ¿quién era Edward Colston y por qué tenia una estatua siendo un esclavista?

Imagino que muchos de los que tiraron de la cuerda desconocen la respuesta.

A grandes rasgos, Colston era un mercader de los siglos XVII y XVIII que entre otras actividades formó parte de la compañía que transportó seres humanos de un continente a otro, y por tanto estuvo involucrado en la trata de esclavos. Eso no lo niega nadie.

Pero Colston fue también un filántropo que utilizó una gran parte de sus ganancias a la creación de hospitales, escuelas, asilos etc. tanto en su Bristol natal como en Londres y otros lugares del Reino Unido, algunos de los cuales siguen en pie, aunque en la actualidad ya no cumplan la función social para los que fueron creados.

Paradójicamente una de sus fundaciones fue el llamado Colston Hospital cuya finalidad era recoger y educar niños pobres, brindándoles una educación con la que tenían la oportunidad en la vida que les era negada por la cuna. El poeta pre romántico Thomas Chatterton fue uno de ellos.

Pero esta columna no va de defender la historia de un hombre con luces y sombras como otros, y al que se le está juzgando con los estándares del siglo XXI a pesar de haber vivido en una época donde la esclavitud era practica normal y legal en prácticamente todo el mundo.

Esta columna va de las actitudes radicales de quienes en nombre de una supuesta libertad destrozan la propiedad pública, es decir, la propiedad de todos, lo que a todas luces es un delito.

La estatua de Colston ha sido objeto de polémica, cierto. Y estaba en marcha el cambio de la placa en el pedestal para que ésta reflejara también la parte oscura de su vida, un proceso polémico ya que hubo varias propuestas y cuando por fin se llegó a un acuerdo, el nuevo alcalde paralizó el proyecto, porque él, el propio alcalde a nivel personal, no estaba contento. Por cierto, un alcalde juez y parte dado su origen étnico.

Mas aun, el asunto sobre una posible retirada de la estatua fue objeto de una encuesta en uno de los periódicos locales de Bristol, cuyo resultado reflejó que un 56 por ciento de los encuestados estaban a favor de dejar la estatua donde estaba, frente a un 44 por ciento que pedían su retirada.

Cierto que la encuesta fue mínima, y que el resultado fue, hasta cierto punto ajustado. Pero es la única foto fija de cual era el estado de ánimo de la ciudadanía en el momento en que se realizó.

En cualquier caso, los vándalos que derribaron la estatua obraron ilegalmente tomándose la justicia por su mano sin pensar que lo que estaban destrozando es patrimonio de toda la ciudad, de todos.

Se me ocurre que ahora que se ha abierto la veda, ¿Por qué no acabar con todas las estatuas griegas, romanas, medievales etc. de todo el mundo? ¿Por qué no olvidar las gestas de los grandes y ceñirnos exclusivamente a sus miserias?

Al fin y al cabo todos los homenajeados tuvieron sus luces y sus sombras, y seguro que siempre habrá muchedumbres dispuestos a tomarse la justicia por su mano, sin pararse a pensar que quizás, gracias a los de las estatuas, ellos son lo que son.