Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Lo que amenazaba con convertirse en culebrón de verano ha acabado siendo una mini serie judicial. Franco no es culpable, según la juez, aunque todo parecía apuntar en la otra dirección.
Se suele decir aquello de acatar las sentencias judiciales, y lo hago, pero francamente el asunto huele.
Olía tanto durante la instrucción, que en el gobierno estaban nerviosos, tanto como para intentar frenar el proceso una y otra vez, utilizando todos los medios a su alcance, incluido el cese de un mando policial que se negó a romper la ley para complacer a un ministro.
Es que les iba la vida institucional en ello, diría la ministra Calvo...
En otras condiciones éste no hubiera sido mas que un episodio judicial más. Pero en estos momentos de crispación el archivo de las diligencias desprende un cierto hedor o al menos deja a la ciudadanía con un cierto mal sabor de boca, quizás porque ahora que la historia comenzaba a ponerse interesante, aparecen los títulos de crédito y termina sin que se pueda entender el porqué de ciertas prohibiciones, mientras las concentraciones más mollares, siguieron adelante ayudando, o al menos no frenando, la propagación de la pandemia.
¿Habrá una segunda parte? La puerta no se ha cerrado del todo, como en esas miniseries, pero mucho me temo que no. ¿Qué otros datos pueden hacer cambiar a la Juez si con todos los que ahora mismo están sobre la mesa ha sido incapaz de ver indicios de delito?
Si algo habrá nuevas versiones de la misma historia posiblemente con idéntico resultado, ruido.
Serán como esos fuegos artificiales que en apariencia pueden acabar con la existencia de una ciudad pero que en realidad no son mas que pólvora quemada, ruido, espectáculo.
Eso sí a falta de fiestas patronales por aquello del bicho, al menos tenemos tracas judiciales sin víctimas. O quizás con una víctima, la verdad.
Seguiremos sin saberla. Seguiremos sin poder entender cómo cuando todas las recomendaciones internacionales insistían en el alejamiento, aquí se permitían viajes, partidos de futbol, concentraciones y fiestas varias, y por supuesto la gran manifestación, esa a la que, si le dio la gana, asistió el hijo el gurú de los bichos en España, siguiendo el consejo científico de su padre.
Claro que también es cierto que quizás el auto de archivo de la causa se ajuste a derecho y por tanto no haya nada que decir. Pero los antecedentes cantan. ¿O acaso hemos de olvidarnos de las convenientes sentencias del proceso independentista catalán, la utilización en aquella ocasión de la abogacía del estado, los intentos de torcer el brazo a la fiscalía y el resultado final ajustándose por unanimidad a los deseos de Sánchez?
¿Hemos de confiar en una justicia, que al menos en apariencia, se ha mostrado servil a un ejecutivo dando al traste, vuelvo a repetir en apariencia, con aquello de la división de poderes?
¿Hemos de aceptar, a pies juntillas, que el nombramiento un tanto irregular de la actual fiscal general del estado tampoco tiene nada que ver?
Por poder creer, podemos creer lo que nos dé la gana.
Eso sí, podemos hacernos los tontos y aceptar todo sin rechistar. Pero el pensamiento, la libertad de pensar y creer lo que nos plazca, esa no nos la pueden quitar.










